Posts on Oct 2019

El Sonido de la Ballena

audiovisual

Por: Federico Gómez Palacio

“El equipo de Clap Studios fue vital para que nuestra película se volviera cine, sobre todo con un trabajo tan riguroso como el que ellos hicieron”, asegura Catalina Arroyave, directora de Los días de la ballena, uno de los acontecimientos cinematográficos más importantes del año en Medellín, y del que ya hemos hablado en nuestro blog. En esta nueva entrada vamos a poner el foco en un aspecto específico, fundamental, como dice la directora, para consolidar la identidad de la película: el sonido.

Daniel Vásquez, diseñador de sonido y mezclador, y Sebastián Alzáte, también diseñador de sonido de Los días de la ballena; ambos parte del equipo de Clap Studios, empresa integrante del Centro Audiovisual Medellín, nos cuentan cómo abordaron este aspecto tan importante.

cam

Daniel Vásquez y Sebastián Alzáte de Clap Studios

 

Buscando el tono y la estética sonora

Cuenta Daniel que el proceso creativo para llegar al sonido comenzó mucho antes del rodaje, desde que la película estaba solamente en un guion.  “Desde esa etapa ya había un pequeño acercamiento en texto y palabras muy vagas. Partimos del guion, de conversar, de hacer un trabajo juicioso y coherente con el sonidista, para que en el rodaje se capturara lo que necesitábamos y tuviéramos los insumos después en postproducción de la manera que los íbamos a querer. En preproducción hubo un acercamiento mucho más preciso, donde nos reunimos dirección, asistencia de dirección, sonidista y nosotros como postproductores y diseñadores de sonido para pensar a qué suena cada lugar, qué elementos son importantes y cuál va a ser el tono y la estética del sonido de la película”.

cam

Catalina Arroyave, directora de Los días de la ballena

 

En esas conversaciones y reuniones de equipo se definió una parte muy importante de la identidad sonora que, aunque tuvo momentos naturales de depuración, ya respondía a una intención clara, definida conjuntamente. “La película está llena de sutilezas, que es un poco de nuestro estilo también. Entregarle mucho a las películas; muchos elementos pero sutiles, en su punto, sin exagerarse. Y creo que se logró el objetivo”, continúa Daniel.

Sutileza y realismo

Tanto Daniel como Sebastián están de acuerdo que la historia como tal orientó el diseño de sonido. Daniel, por su parte, cuenta que “la estética visual nos llevó a abordar la estética sonora, por eso no está llena de cosas sonando o con mucha densidad de sonido, sino que son pocos al mismo tiempo. Vamos soltando una pinceladitas. Y si analizas algunas escenas del barrio cuando Cris está por ahí caminando, no está lleno de gritos, gente o actividad pasando, pero con un silbido, una moto o un carro pasando damos esa sensación del movimiento, de la actividad alrededor. Cada sonido en su lugar, un sonido va llevando al otro”.

Sebastián, por otro lado, habla de otro aspecto sutil que el sonido ayudó a reforzar. “Aparte de que la imagen nos dicta mucho cómo va a ser el diseño sonoro, la historia como tal también lo hace. La peli toca un tema que pasa mucho en Medellín y son las fronteras invisibles o estos combos que manejan sectores o barrios completos, pero lo hacen de una manera muy sutil, nunca nada es explícito; salvo en pocos momentos donde sí vemos a este tipo de personajes. Creo que es algo que los que vivimos en Medellín nos pasa cada rato, algo que no vemos pero que sabemos que está ahí. Desde el sonido se trata de manejar también así, con esas sutilezas, pero siempre está una presencia por ahí, de una moto pasando o algún ambiente raro; algo que nos está haciendo sentir ese tema de que siempre hay algo vigilante o medio peligroso que puede pasar en cualquier momento”.

Así mismo, el sonido fue un recurso fundamental para situar al espectador en los diferentes espacios. Además de que cada lugar tiene una identidad clara a nivel sonoro, según Daniel hubo otra cosa clave como recurso narrativo: “En la película no hay muchos planos generales, entonces dependíamos del sonido para crear esos entornos, para establecer las locaciones. Y si lo analizas, el sonido es lo que lo da”.

audiovisual

Para lograr este objetivo, la mezcla entre sonido directo y foley fue muy importante. “Queríamos que el artista foley tuviera cubrimiento de detalle”, explica Daniel. “Y cubrimos 95% de la película porque también usamos mucho el sonido directo. Soy muy partidario, en este tipo de cine y la forma en que se cuentan estas historias, de usar el sonido directo; así lo reforcemos con foley, así tenga dos o tres capas adicionales de efectos, el sonido directo se vuelve ese elemento que me da verosimilitud al resto de sonidos que podrían ser muy inertes o artificiales en otro contexto”.

Catalina refuerza la importancia que tuvo el diseño de sonido: “Me parece que hicimos un trabajo sonoro muy detallado, la película tiene muchas capas. Cada espacio también tiene una construcción sonora especial. Y creo que esas cosas a pesar de ser imperceptibles para la mayoría de espectadores, para nosotros fueron importantes porque logramos construir una sonoridad que es específica de nuestra película. Creo que el diseño sonoro y la mezcla fueron hermosos”.

La Medellín de la Ballena

Parte de la sonoridad específica de Los días de la ballena de la que habla Catalina es haber encontrado su propia versión de la ciudad. Esto ha generado una conexión especial con la gente precisamente por eso, porque es un testimonio, nos representa. “La película suena a Medellín, pero a una Medellín específica, no a la misma de La Mujer del Animal o Matar a Jesús o Los Nadie. es una sonoridad creada para La ballena”, reflexiona Catalina.

Sebastián cuenta que “los sonidos se construyeron en un 70 – 80% con ambientes de Medellín, tanto del directo que capturó el sonidista como de nuestras propias librerías de ambientes propios de Medellín. Entonces creo que dentro de este tema que cada locación tiene su sonido particular, todos los sonidos que estamos escuchando suenan mucho a lo que suena la ciudad en realidad. Es un buen plan ir a escuchar la ciudad en cine y ver cine bien hecho, por todos los lados”.

La música es otro elemento que refuerza la identidad de la película, otro punto de conexión emocional que, con los espectadores locales establece un código, una complicidad; y con las personas de otros lugares funciona a modo de carta de presentación de a qué suena Medellín. Incorporar esa música al diseño sonoro, fue otro de los desafíos. “La decisión de la música fue de Cata, una decisión desde dirección”, comenta Daniel. “Creo que como estuvieron tan bien escogidas las canciones, nos hacía de alguna manera el trabajo fácil a nosotros de incorporarlos, porque se hacían sentir”.

Acá pueden escuchar todas las canciones elegidas para hacer parte de Los días de la ballena.

Una película con buena onda

Como colofón, Daniel concluye que Los días de la ballena es una película en la que, desde el primer día se quisieron hacer las cosas bien. “El hecho de involucrar las cabezas de sonido desde preproducción habla muy bien de la intención y del proceso. Y creo que ese ha sido el éxito, el querer hacer las cosas con respeto, con la parte humana y querer hacerlas con humildad también. Eso se ve también en la calle con la buena onda que genera la película. No deja de tocar temas serios, no deja tener críticas a varias cosas, pero por encima están las personas. Esta película es para generar conexión con la gente. Muchas veces no encajamos en lo que el mundo nos trata de encajar, pero ahí tenemos nuestro espacio”, concluye.

En el Centro Audiovisual Medellín nos sentimos orgullosos que nuestros integrantes hagan parte de estos grandes proyectos que escriben la historia audiovisual de la ciudad. Por esto, los invitamos a seguir de cerca el trabajo de Clap Studios, que cumple 8 años de trabajo dedicado y riguroso y, por supuesto, a todo el equipo de Los días de la ballena.

¿Se está haciendo bien la tarea?

Gabriel perez
Gabriel Jaime Pérez – Gerente del Centro Audiovisual Medellín

Una reflexión sobre la dinámica de estímulos económicos para la cultura

 

Por: Gabriel Jaime Pérez

Es una realidad que muchos eventos y proyectos culturales dependen en gran medida de apoyos económicos generados por el sector público. Y también es una realidad que, tanto en Medellín como en el resto del país, estamos inmersos en una dinámica que, sin querer queriendo, no permite que este modelo de estímulos posibilite la creación de proyectos culturales sostenibles.

Una cadena de hechos sustentan esta afirmación. Hablando concretamente de los eventos, es sencillamente una cuestión de tiempos: las convocatorias se realizan a comienzos del año, los premiados se publican a mediados y todos los ganadores deben ejecutar los recursos entregados en un último trimestre insufrible, donde se aglutinan todos los eventos. La agenda toda junta a final de año disipa y satura al público que no sabe realmente qué quiere ver. Se hace muchísimo más compleja la construcción de audiencias, tan necesaria para la sostenibilidad en el tiempo y el crecimiento y posicionamiento de los eventos.

La cantidad de proyectos culturales que están un año y al otro mueren es increíble y eso son recursos que se pierden. Y es un problema técnico del país. Mientras sigamos teniendo el problema de vigencia de año fiscal para ejecutar proyectos culturales, no hay empresa cultural que se mantenga.

El cierre fiscal en año imposibilita hacer una mejor gestión de los recursos. Los desembolsos suelen dilatarse, casi hasta el momento de la ejecución; con lo cual se perderá en gestión de precios para contratar porque todo se hará más caro por un tema de oferta y demanda, ya que todo el talento está ocupado en el mismo periodo (último trimestre). Además, como los recursos entran tarde, se entorpece la gestión promocional y esto impacta directamente en la convocatoria de público. Esto es algo que padecemos la mayoría de proyectos y tenemos el aprendizaje para contratar un mejor aparato de comunicaciones para el siguiente evento… Pero, ¿habrá siguiente evento?

Hay quienes pueden ganar estímulos o gestionar recursos de hasta 200 millones de pesos. ¿No creen que sería mucho más interesante plantear la distribución de esos recursos en un lapso de, por ejemplo, cuatro años (lo que dura una administración)? A uno como empresario cultural le conviene más tener 50 “asegurados” al inicio de cada año, que tener 200 millones de pesos -de pronto- dos semanas antes del evento. Además, los que somos productores sabemos que con recurso mínimo asegurado es más fácil encontrar otros patrocinadores. A mí me interesaría más decirle al Éxito o a cualquier otro patrocinador potencial, que entren a patrocinar este evento que ya cuenta con el 40% del presupuesto, a decirle que serán los primeros en apoyar la nueva versión del evento de este año. Más fácil: Nadie va al restaurante que está vacío. Pero al que tiene 10 clientes…

Así mismo, con un presupuesto asegurado por un periódo de tiempo más extenso se puede asegurar el cumplimiento de compromisos a largo plazo, con participantes, colaboradores y otros proveedores. Así se construyen alianzas y relaciones sólidas en el tiempo, con un beneficio mutuo.

audiovisual

Lo más difícil de conseguir es el recurso inicial. Pero una vez conseguido, es más sencillo llegar a conseguir apoyos del sector privado. Es la única manera de conseguir más fondos y crecer, generando empleo de calidad y eventos que crezcan en el tiempo, en vez de una proliferación de eventos muy pequeños que se hacen a punta de favores y no de movilización de recursos. El exceso de democratización de los eventos culturales está castigándonos sin querer.

Considero que las administraciones no deberían tener reparos en premiar aquellos eventos que se hagan más grandes porque estos, además de generar proyección para la ciudad, se vuelven generadores de empleo digno y sostenibilidad en los cuatro años que dura cada administración. Está bien tener unos 5 o 10 eventos con mayores recursos y el resto con un presupuesto un poco menor e ir observando cuáles van prosperando.

 

Todo es cuestión de voluntad política

Soy consciente que, en el caso de Medellín, la administración está prácticamente en su ocaso y sé que hay gente muy buena que lo han tratado de hacer de la mejor manera. Pero si hay algo positivo para dejarle a la siguiente administración sería pensarle a ese tema. Si hay que sentar a la gente del Concejo, pues lo hacemos. Si hay que pasar un proyecto, lo hacemos. Todo se logra con voluntad y gestión. Y, si es el caso, que se creen entidades descentralizadas como lo aplica ahora mismo el Fondo de Desarrollo Cinematográfico – FDC. Creo yo, que sería la solución ideal.

Hoy más que nunca es el momento de poner estos temas sobre la mesa,  ahora que este Gobierno Nacional está hablando tanto del tema de Economía Naranja. Lo importante es comprender que todo en la vida, sobre todo en lo público, siempre es voluntad política. Si uno genera masa crítica para plantear un proyecto así sea de cara a la siguiente administración, ahí sí realmente va ganar la industria cultural y creativa.